Protegidas por el sol

Una toma a la otra. La agarra por las mejillas, que se impregnan de protector solar. Este 30 de junio, al terminar la marcha del Orgullo LGBTI, ellas se besan bajo el sol caraqueño. Entre la Zona Rental de la UCV nunca construida y el centro de torturas del Sebin, ellas deciden liberarse besándose. Bailando. Moviendo las caderas a ritmo suave, deciden no abrir los ojos ante la multitud, y continuar su beso a la misma velocidad que sus pasos de baile.

No más de 165 centímetros constituyen la figura de la chica mayor. Sus 40 o 45 años están presididos por su cabello churco ennegrecido. Ese día, decidió ir protegida ante el sol. Su cara mostraba los restos blancos de algún protector solar, que aún se adhería a la piel. Su compañera de besos tenía tendría algún quinquenio menos, que se notaba en su cabello negro y lacio. Las lenguas se intercambiaban y las cabezas rotaban de posición, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda.

La música tecno cambia a una balada. No se despegan. Se juntan más. Ahora, se abrazan y deciden volver al paso suave. Otro cambio musical repentino devuelve el beso, y con él, un intercambio gráfico de saliva. Se detienen y abren los ojos. Respiran. Están en la calle, protegidas solo por el sol, besándose, y nadie les dice nada. Sonríen.

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